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La Coctelera

La dignidad


No existe un prontuario de la dignidad ni hay un sitio en el que pueda colocarse, como el honor y la honra o la fama, que pertenecen a los ordenamientos sociales y cambian de asiento con los usos y costumbres.

El honor, la honra, la fama, suelen ceder a la vanidad y a la soberbia, llevan al cuello un cascabel mientras que la dignidad es silenciosa, hay siempre un poso de amargura en ella y depende exclusivamente de cada uno de nosotros.

Cuando la razón es aplastada o ensordecida el perfume de la dignidad la sustituye. Esel último agarradero del ser humano cuando la razón es imposible y asegura contra toda esperanza y también contra todas las apariencias la difícil obra de hacerse persona.

No hay en la dignidad ruido ni desgarramiento, sino humildad y pudor. Arrastra consigo la sensación de desamparo. Ennoblece el infortunio, atempera la fortuna, avergüenza a la afrenta, colma la soledad, es tu más alta aventura interior y en cada instante te dice qué uso debes hacer de ti mismo. Es frágil y sin embargo puede hacerte invencible.

El asumir la dignidad que la razón te dicta a veces significa una huida, a veces una herida. Vive en lo más recóndito y callado de tu ser y aun si la traicionas dejará en ti huellas de su paso para que puedas seguirla.

La risa

El tiempo que pasas riendo es tiempo que pasas con los dioses.
Una extraordinaria cantidad de personas no saben reír en absoluto. Por otro lado no se trata de saber: es un don y no se puede aprender. Las risas delatan completamente a una persona, y es posible conocer todo su trasfondo. En primer lugar la risa exige sinceridad, y dónde está la sinceridad de las personas? La risa exige ausencia de malicia, y la gente, la mayor parte de las veces ríe con malicia. Una risa sincera y sin malicia es alegría, y dónde está la alegría de la gente de nuestra época? Si queréis examinar una persona y conocer su alma, no la estudiéis cuando calla o cuando habla, ni tampoco cuando llora, ni siquiera cuando se emociona con nobilísimas ideas: la estudiaréis mejor cuando ríe.
Si una persona ríe bien, quiere decir que es una buena persona. Observá, además, todos los matices: por ejemplo, en ningún caso la risa de una persona os ha de parecer estúpida, por alegre e ingenua que sea. Así que si advertís el más leve signo de estupidez en una risa, quiere decir que aquella persona es de una inteligencia limitada, aunque no haga otra cosa que soltar una lluvia de ideas. Y si su risa no es estúpida, pero encontráis de alguna forma ridículo un hombre cuando ríe, aunque sólo sea un poco, habéis de saber que ese hombre no tiene una auténtica dignidad, al menos una dignidad completa. Y finalmente, si una risa te parece comunicativa pero asimismo te parece abyecta, habrás de saber que la naturaleza de aquel hombre es abyecta; y todo aquello de noble que habrás observado en él es o intencionadamente fingido o imitado inconscientemente. Más adelante, ese hombre empeorará irremisiblemente, se ocupará de “cosas útiles” y abandonará las ideas nobles sin que le duela, considerándolas errores y exaltaciones de la juventud.
La risa es la más fiel prueba del alma. Recomiendo esta conclusión a las jóvenes casaderas que examinan al hombre elegido con vacilación y desconfianza y no se acaban de decidir. Mirad a los niños. Sólo los más chiquittios saben reír perfectamente bien, por eso son cautivadores. Un niño que llora me resulta repelente pero el que ríe y se alegra es un rayo del paraíso, es la revelación de un futuro en que el hombre será por fin tan puro y sencillo como un niño.
Fiodor M. Dostoievski